Con motivo del Día del Niño, luces en medio de la oscuridad

¿Qué sentido tienen recordar o celebrar el Día del Niño en un país en el cual los derechos de la NNA son violados permanentemente y con todos los indicadores de protección y desarrollo para atrás? Yo aprovecho el día para recordar que, según nuestras leyes vigentes, los derechos de los NNA son Prioridad Absoluta –así con mayúscula-, pero, también aprovecho para compartir algunas velitas en medio del apagón con las que me tropiezo.

Vamos a Maracaibo, la “Ciudad del sol amada”, aunque aparentemente odiada por sus gobernantes. Esta semana se inició el Plan vacacional “Mi amigo el Tucán”, programa que desde hace 13 años ofrece el Centro de Formación e Investigación “Padre Joaquín” (CFIPJ) de Fe y Alegría, a sus vecinitos, esos mismos niños y niñas que asisten con regularidad a las actividades de la biblioteca “Ignacio Huarte”, que funciona en la misma sede.

– Los niños venían felices –cuenta Jeniree–, tendremos cuenta cuentos, pintura, teatro y muchas cosas más.

Y nos manda fotos para compartir esos rostros llenos de sonrisas. Unos 70 pequeños que están siendo atendidos por los compañeros del CFIPJ, que dejan de ser investigadores, formadores de maestros y estudiantes para transformarse en recreadores. También se les ofrece una merienda a los participantes, nada despreciable en estos tiempos. Los jóvenes del Movimiento Juvenil Huellas cooperan animando. Con perseverancia a pesar de las dificultades, así se han mantenido los compañeros. Estoy segura que habrá parroquias católicas, evangélicas, escuelas que harán un esfuerzo otra vez este año y abrirán sus puertas para que los niños y niñas tengan una alternativa sana de recreación y hasta de alimentación en este año tan difícil.

Pasemos ahora a Barquisimeto. Todos sabemos –o debiéramos saber- que la desnutrición gana terreno en el país. Lea usted el último informe de la FAO –ya no hay premios para Venezuela sino primeros puestos de riesgo para la población venezolana-, añada los informes de Cáritas y la Fundación Bengoa, por mencionar algunos. Pero no tiene caso rumiar únicamente los datos. Algo hay que hacer. Pues la Fundación Esperanza Activa, esa activísima organización animada por el artista plástico larense Jesús Pernalete Túa –“mi primo adoptivo”– hace unas semanas nos presentó su último hijo: “Flor de Luz”, una galleta terapéutica, elaborada después de estudios por pediatras nutriólogas del equipo de la Fundación, unido a la solidaridad de una empresa que, generosamente, pone a disposición de los niños sus instalaciones y ha salido una galleta nutritiva, bien sabrosa, (¡lo certifico!), que supone que los 100 gramos de esta “chuchería” contienen las calorías necesarias de un desayuno para un pequeño.

Me contaba “mi primo” que estuvieron haciendo los ensayos en una escuela de Fe y Alegría vía Quíbor. Acaban de hacer el pesaje de los chicos, quienes estuvieron consumiendo las galletas diariamente por espacio de 2 meses, previa autorización de sus padres, siendo los resultados muy buenos.

Imagine usted lo que supone contar con esa galleta, “Flor de Luz” en esas escuelas donde no tienen gas ni electricidad para cocinar o en esos centros de paso para los migrantes que se van a países vecinos y requieren alimentarse unos días mientras permanecen ahí alojados.

Finalicemos recordando a los defensores de derechos de NNA, los agrupados en la REDHNNA y los que no conocemos, pero existen, y que no se cansan: monitorean, atienden, denuncian, recuerdan, animan, asesoran… sin descanso. ¡No tienen precio! Y son velitas en medio del apagón.

Luisa Pernalete