Decepción y compromiso

Confieso que hasta última hora yo abrigaba la esperanza de que Maduro retiraría la Constituyente. Pero es verdad que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Nunca quiso escuchar los gritos desesperados de la multitud ni las advertencias de numerosos países que le solicitaban que no siguiera echando leña a la candela y mostrara algún destello de sensibilidad ante el dolor, la sangre y la desesperanza de millones de venezolanos que llevaban más de cien días en la calle gritando sus ansias de cambio. La elección se dio, aunque sin respaldo popular, y fue la más sangrienta en la historia de Venezuela. Y ahora ¿qué se puede esperar de una Constituyente que nació violando la Constitución, ignorando a las mayorías y dejando en el camino un enorme reguero de sangre, rabia y dolor?

Pero lo que verdaderamente resulta inconcebible, que la literatura picaresca más osada nunca se hubiera atrevido a imaginar, es la actuación de las señoras del Consejo Nacional Electoral. Resultaba cínico e insultante escuchar a la Sra. Tibisay Lucena, con un rostro pretendidamente serio que siempre terminaba con una sonrisa forzada, afirmar que el voto era la expresión sublime de la ciudadanía y el medio de dirimir los conflictos, cuando ella, precisamente ella, había recurrido en los meses anteriores a todas las trampas y argucias, para impedirnos el voto. La rapidez con que montaron la elección, la serie de facilidades que dieron a los votantes, la falta de adecuados controles, y sobre todo la cifra, ridícula por lo inflada, del número de electores, han evidenciado con total claridad, su parcialidad y su sumisión total al Gobierno. Estos hechos nos llevan a dudar de los resultados de elecciones anteriores. El Consejo Nacional Electoral no es ni Consejo, ni Nacional, ni Electoral. Es una especie de secta para lograr el milagro de que los menos sean más y que el Gobierno pueda mantenerse electoralmente sin votos.

Con una Constituyente impuesta, rechazada por la mayoría, van a continuar e incluso se van a agudizar los problemas. En las propagandas obligadas que debían pasar todos los medios, los candidatos nos ofrecían una Venezuela de ensueño, como si olvidaran que no basta desear o proclamar las cosas para que se den. Los que en 18 años de gobierno han logrado que Venezuela sea sinónimo de hambre, inseguridad, inflación, emigración y desesperanza, ¿van a resolver ahora los problemas de la educación, la salud, la escasez, el hambre y la inseguridad meramente porque los incluyan en la nueva Constitución?

Todos los candidatos afirmaban que la constituyente era la oportunidad para la reconciliación y la paz. Estoy convencido de que la mayoría de los que votaron el domingo lo hicieron convencidos de que sus palabras eran sinceras y en verdad la Constituyente sería un camino a la paz. No traicionen por favor sus esperanzas y demuestren coraje y valor para no dejarse manipular por los violentos y por los que sólo buscan atrincherarse en el poder. Piensen en la Venezuela que quieren para sus hijos y nietos. Porque me imagino que cuando hablaban de paz, no se estaban refiriendo a la paz de los sepulcros.

Es la hora de profundizar el compromiso por la libertad y la paz de Venezuela. Yo sigo creyendo en ella y seguiré trabajando con más entusiasmo y valor.