Dignidad golpeada sobre ruedas

Esperaba a una compañera de Fe y Alegría en “El Cardenalito”, en la entrada de Barquisimeto. Iríamos juntas a una escuela del oeste. Entonces observé que llegaba un camión-cava, de esos que transportan cargas cosas, objetos inanimados, peroles, pues… Entonces vi que empezaron a una, dos, hasta 9 personas. Sorprendida de la “carga”, le pregunté a una de las mujeres que bajaba: “¿usted venía ahí de pasajera?” y me contestó: “si, señora, aunque usted no lo crea.” No quiero ni pensar en el gesto de horror que puse. A mi edad, llena de “ideas luminosas” en mi cabeza, creí que ya lo había visto todo.

Más atrás venía otro ejemplar de esta Venezuela contemporánea, expetrolera: un camión de transporte de viajes y mudanzas y ahora, transporte de personas, con alma, con dignidad golpeada. “Perreras” le dicen en Guayana y otras ciudades; “Ruta-chivo” los llaman en Lara.

¿Qué suponen estos mal llamados transportes colectivos que se han ido generalizando en el país?

Primero, mucho peligro. Un solo frenazo de repente por esquivar un hueco, ahora hay algunos que se les puede llamar cráteres, y pueden ser muchas las víctimas. LA Red de Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes (REDHNNA), de la cual Fe y Alegría forma parte, ha recogido accidentes en Miranda, Vargas, Barinas, Guárico, Bolívar, Anzoátegui, Mérida. Ya hay víctimas mortales: la REDHNNA recuerda que el 28 de mayo hubo 11 muertos en un accidente, con 6 niños y adolescentes entre ellos. Hace apenas un par de días una señora, “comadre” mía del Municipio San Francisco, me contó que una “perrera” venía a exceso de velocidad porque los semáforos no estaban funcionando por el apagón diario, chocó fuertemente contra otro vehículo. Los heridos, entre ellos unos ancianos, fueron socorridos por los vecinos. “¡Fue horrible! y yo pensaba que pude haber sido yo con mi hija yendo al colegio.”

Segundo es la dignidad golpeada, porque no es digno viajar de esa manera. Y ahí van obreros, maestros, profesionales, niños… Gente trabajadora. De esa manera indigna y peligrosa viajan todos los días gente que yo conozco, con nombre, con rostro, con historias. Hace poco me contaron que una maestra de Valencia, después de haber viajado durante una semana de esa manera para llegar a su escuela, decidió renunciar. Dijo que ella tenía dignidad y se sentía muy mal transportándose de esa forma. Me contaba la señora Libia, de Yaritagua, que trabaja en casas de familia en Barquisimeto, que el otro día, de regreso a su casa, empezó a llover. Ella iba en una “perrera”. “Nos comenzamos a mojar todos. Una señora sacó un viejo paraguas y lo abrió y permitió que los más cercanos se medio protegieran con él.” Imagino la escena.

Y tercero, ahí va también la responsabilidad del venezolano. Yo no dejo de sorprenderme de lo responsables que somos la mayoría de nosotros. Hacemos malabarismos para cumplir con nuestro trabajo. Incluso, viajar en “perreras”. La verdad es que no nos merecemos que nuestra dignidad sea golpeada todos los días por cumplir con nuestro deber.

El gobierno no parece entender que lo del transporte público va a generar un paro, decretado por nadie, simplemente por la imposibilidad de moverse. Y las “perreras” no pueden ser la solución.

Luisa Pernalete