¿Dónde dejaste tu corazón?

Trabajo como maestra en la escuela “Fe y Alegría 1 – El Manzanillo”, ubicada en el Municipio San Francisco del estado Zulia. Al reincorporarnos a nuestras actividades este lunes 22 de abril descubrimos que nuevamente habían robado en la institución; por lo cual desearía compartir con ustedes las reflexiones que brotaron –como un araguaney llameante- ante la impotencia y el desconcierto.

¿Dónde dejaste tu corazón?

¿Cuánto tardaste en desarmar y armar la ventana, quitar el vidrio, desprender el marco de la puerta, romper los cilindros y bajar los estantes para entrar y robarte las 34 “Canaimitas”, los monitores, el arroz, parte del kit de los juegos donados por UNICEF,…? Entraste en silencio y saliste en silencio, porque nadie te impidió hacerlo, ni siquiera el remordimiento de saber que estabas robándole a los niños y niñas de la escuela (incluso, tal vez, a tus propios hijos) la oportunidad de aprender usando otras estrategias o de comer algo porque ese día no había nada en tu casa. ¡Volviste a golpear el corazón! ¿No sentiste algo de remordimiento? ¿Era más importante conseguir dinero revendiendo lo que nos robaste?

¿Cuánto te duró esa alegría?, ¿te alcanzó para mudarte del barrio?, ¿saben tus hijos lo que hiciste? Tú no se lo dirás, nosotros si lo haremos: hablaremos de ti y de quienes te ayudaron a violar otra vez nuestra escuela, pisoteando los derechos a la educación, la alimentación y la recreación que tienen los casi 500 niños y niñas que estudian en “Fe y Alegría – El manzanillo”. El dinero se te escurrirá de las manos, lo gozaste un instante, pero, seguiremos recordando esos robos por la cicatriz que nos dejó. ¡Qué indignación!

No aceptaré tu respuesta de “lo hice por necesidad”: eso lo rechazo rotundamente como cualquier situación de injusticia y humillación que veo diariamente. ¿Dónde dejaste tu corazón? Otra cosa que tampoco entiendo es el silencio de los vecinos que, por miedo o por “precaución” (?), se convierten en tus cómplices: porque ellos ven, oyen y hablan.

La escuela es de todos y no solo de quienes trabajamos en ella. ¿No pensaste en eso? ¿Cómo es posible que la UNICEF nos apoye, mientras tú y tus cómplices destruyan lo poco que conseguimos?

Sigo insistiendo que nuestra labor de formar hombres y mujeres dignos (todo lo opuesto a ti, ladrón) no se detendrá: mientras existan personas como tú que destruyen, se levantarán las voces de este personal que con fe, persevera y, con alegría, se apoya.

¡Bravo por la escuela que hoy trabajó y no había electricidad! ¡Qué maestros tan chéveres: trabajaron sin tener agua en la escuela! ¡Menos mal que mi hijo comió algo en el PAE, porque no tenía nada en la casa! Sin embargo, cuando preguntamos: ¿alguien vio o sabe algo del robo?, ¿quién nos acompaña para denunciarlo? El silencio es la respuesta. Entonces una pregunta se repite una y otra vez en mi cabeza: ¿qué tanto valoran ustedes mi escuela? Si ya tenemos más de 50 años existiendo y conviviendo en “El Manzanillo”, ¿no les indigna esta nueva herida? ¿Vamos a esperar que ese grupo de ladrones decidan entrar otra vez y poner en peligro la vida de quienes nos encontramos todas las tardes aquí? ¿Se imaginan esa situación? Y si deciden retirarnos del Programa de Alimentación Escolar, ¿a quién culparán?

¿Debemos cerrar las puertas para proteger los pocos equipos y material que nos queda? ¿Quieres una escuela donde exista un horario rígido para entrar, conversar con los maestros o donde los muchachos no puedan jugar en la cancha para divertirse? ¿Una escuela cerrada para todos? ¿Una escuela-cárcel? Eso no lo queremos: queremos seguir viendo lo bueno que hay en cada uno de ustedes, pero, la desconfianza se está sembrando, adueñando de este corazón que atiende a tu hijo cada tarde cuando llega con ganas de jugar, aprender, compartir, trabajar y divertirse. ¿Una escuela completamente cerrada es la garantía? No, por el contrario la necesitamos abierta con la ayuda de la comunidad vigilando, cuidándola y queriéndola.

¿Pensaste en todo esto cuando decidiste robarnos? ¿Dónde dejaste tu corazón?

Elda Rondini C.

“Fe y Alegría 1 – El Manzanillo”