Educación en emergencia: ¡Mi maestra se va!

Mi maestra se va para Barranquilla. La señora Naylet, la suplente, es buena, pero, no es lo mismo. Ella no toma lectura como la maestra María. Nos vamos a atrasar”. Estamos hablando de la maestra de Victoria, que tiene 7 años y está en primer grado. Quiere mucho a su maestra María porque es muy cariñosa. Mientras la explica a su mamá lo que escuchó en el salón, pone su cara de preocupación ante su posible partida.

Victoria, como muchos otros niños y niñas de este país, han perdido su “rutina”: para ella, perder a su maestra sería terrible. A veces la pequeña no ha ido al colegio porque su madre no ha tenido efectivo, en otras ha sido el problema del desayuno o por no tener detergente para lavar el uniforme. Es afortunada porque a su mamá no se le ha ocurrido irse del país, aunque uno de sus hermanos sí se fue a otra ciudad a trabajar; sin embargo, hay otros compañeritos suyos que no han corrido con la misma suerte. La psicóloga del colegio empezó atendiendo los primeros casos de “niños dejados atrás”, pero han aumentado los casos. “Los dejan con abuelas, tías, hasta con vecinos… Una joven contó que la madre le había dejado su tarjeta de manera que ella le deposita cuando puede, y la mayor de sus hermanas, adolescente aún, compra la comida con la tarjeta”, comentó una profesora. Para completar el cuadro, la psicóloga renunció el mes pasado. Rutinas alteradas, procesos rotos.

Cuando se lee literatura sobre educación en situaciones de emergencia, fuera de los primeras líneas que no aplican para Venezuela, cuando precisan que las “emergencias ocasionadas por terremotos, deslaves, tsunamis, conflictos bélicos abiertos” que pueden generar perdida de infraestructura escolar, de hogares, miembros de la familia, y en definitiva “perdida de la rutina” del niño en edad escolar, a uno no le queda duda: ¿nuestra educación está en situación emergencia, aunque las causas nos sean desastres naturales ni ejércitos armados enfrentados, pero si tenemos muertes, tiroteos y la rutina de los niños y niñas totalmente trastocada? Cada día puede cambiar su agenda y eso les afecta.

Volvamos a la historia inicial. En el aula de Victoria a veces solamente asisten 10 alumnos, de 35 inscritos. En su escuela, ubicada en la zona sur de Maracaibo, renunciaron el mes pasado 4 maestras y hay muchas horas del bachillerato sin profesor. Ya llevan tres directores en lo que va de año escolar. El segundo se fue del país, tenía dos carreras y consiguió un buen trabajo en otros lares. Hay docentes que han solicitado reubicación en planteles cercanos a su residencia. “No alcanza el sueldo para pagar el transporte”. Toda esta situación altera la rutina en una edad en la cual esta es indispensable para la formación de hábitos, de seguridad…

Según el manual de UNICEF para enfrentar “emergencias y desastres”, los gobiernos, cuando tienen situaciones calificadas de “emergencia”, deben buscar ayuda para recuperar la rutina de los niños y niñas. Claro, los gobiernos que saben del “interés superior del niño” y, aunque no lo supieran, que eso está contemplado en la Convención Internacional del Niño (Art. 3), en la CR BV (Art. 78) y en el artículo 8 de la LOPNNA, debiera tener sensibilidad para ver el sufrimiento de los niños sin rutina.

Gracias a Dios, en el entorno de Victoria hay sensibilidad ante esa rutina alterada y por las tardes la madre la lleva a una “escuelita”, que le queda al lado de su casa. La maestra Inés, jubilada, atiende a vecinitos con “tareas dirigidas” y actividades de refuerzo. Muy cariñosa. “Si mi maestra María se va, me queda mi maestra Inés”, le dijo la pequeña a su mamá.

Luisa Pernalete