Educar en tiempos de crisis (II)

En un artículo anterior, proponíamos que, ante la crisis que vivimos que está vaciando las escuelas de educadores y alumnos, los que optamos por quedarnos debíamos reavivar nuestro compromiso y convertir las escuelas en lugares de vida, de defensa de la vida y de convivencia solidaria. Y hablábamos de trabajar articuladamente para proporcionar a los niños al menos un plato de comida al día y que el tiempo escolar sea un tiempo grato y productivo. Junto a esto, quiero insistir en que debemos evitar toda conducta, palabra, norma o exigencia autoritaria o excluyente, e insistir en una pedagogía activa, creativa y alegre, que garantice los aprendizajes esenciales. Hay que volver al saber con sabor e insistir en el ejercicio continuo de las herramientas de aprendizaje que, con tecnologías o sin ellas, siguen siendo: la lectura personal y crítica; la escritura como medios de comunicación y de organizar las ideas; el pensamiento lógico, matemático y científico; la investigación y el trabajo en equipo; dejando de una vez esa educación transmisiva y caletrera que enseña a reproducir más que a producir, a repetir más que a crear e inventar. Hoy, no tiene sentido exigir la memorización de contenidos googleables. En consecuencia, la crisis debe llevarnos a revisar nuestra pedagogía, insistir en lo esencial y convertir la evaluación en un instrumento de ayuda.

La gravedad de la crisis ha llevado a Fe y Alegría a proponer que las escuelas sigan abiertas en vacaciones, haciendo esfuerzos, junto con las comunidades y organismos, para que los alumnos puedan comer algo en ellas y pasar un rato ameno y seguro, mediante actividades culturales y lúdicas, que los arranquen de la penosa situación que están viviendo.

Y como la crisis vino para quedarse, no podemos en el nuevo año escolar aumentar las preocupaciones o penurias de los alumnos y de sus familias con exigencias de uniformes, zapatos, o útiles escolares. Debemos recibir a los alumnos como vengan, e incluso irlos a buscar si no vienen, y utilizar la creatividad para garantizarles los útiles imprescindibles mediante el reciclaje de libros, papeles, cuadernos, creyones y lápices, apostando también por las compras colectivas, los préstamos y las donaciones. En este sentido, merece la pena apoyar la campaña solidaria “Un cuaderno para Fe y Alegría”, para que sus 118.000 alumnos comiencen las clases con los útiles escolares básicos.

Para suplir la ausencia de docentes, hay que detectar los recursos de las propias comunidades, reincorporando a jubilados, desempleados o personas bien formadas, que vivan cerca y así evitar problemas de transporte.

Termino insistiendo en que, especialmente en nuestros días, el amor es el principio pedagógico esencial. En educación es imposible ser efectivo sin ser afectivo. No es posible calidad sin calidez. Ningún método, ningún currículo pueden reemplazar al afecto en educación. Amor se escribe con “a” de aceptación, atención, ayuda, apoyo, ánimo, alegría, audacia, asombro, acompañamiento, amistad. El educador es un amigo que, porque quiere a cada alumno, ayuda a todos, especialmente a los más carentes y necesitados, a superarse y ser más felices.