El año escolar no ha terminado

¿Usted tiene hijos en edad escolar? ¿Por casualidad es educador? Imagino su angustia: este año ha sido terriblemente alterado y no hablo solo del agravamiento desde que empezaron los mega-apagones, hablo de todo el año. En realidad llevamos un largo tiempo con la rutina escolar alterada, pero este año ha sido peor; sin embargo, no tire la toalla: el período escolar no ha terminado, todavía podemos hacer algo por nuestros alumnos, hijos, por nuestros ahijados, porque eso es lo que son los estudiantes para nosotros los maestros: ¡ahijados!

Si es madre o padre, no se olvide de preguntar todos los días a su hijo qué aprendió en la escuela. Hace tiempo leí una investigación hecha en Chile donde se indicaba que el simple hecho de formular esa pregunta diariamente había ayudado a mejorar el rendimiento de los muchachos del grupo objeto de estudio, pues el mensaje que le damos es que nos interesa su educación. De paso, la respuesta le sirve de repaso; sin mencionar que  esa acción mejorará el clima de confianza necesaria para que cuando pase algo, bueno o malo en la escuela, lo comparta con usted. Créame, funciona: durante un tiempo lo ensayamos en un centro de Ciudad Guayana con unas cuantas familias.

Los maestros tenemos que hacer nuestra evaluación anticipada: qué es lo más importante del grado, qué hemos podido lograr y qué nos falta. Ya sé que debe ir por el plan H, de tantas veces que habrá reprogramado, pero todavía no termina el año, ¡aprovechemos lo que queda! Recordemos que hablamos de todo: competencias, contenidos, habilidades y destrezas, valores… sabiendo que hay contenidos que nuestros estudiantes podrán encontrar de otras maneras, pero el aprender a convivir,  a resolver problemas por vías pacíficas,  a escuchar,… eso se va logrando con la coherencia entre discurso y acción, con el ejemplo que demos en el aula, en los pasillos y en el patio…

Una vez hecha nuestra evaluación anticipada, seleccione juegos instructivos que le permitan reforzar aprendizajes de manera entretenida. Hay muchos, pero, una columna no da para que yo los comparta todos, le prometo que pronto terminaremos unos videos para ayudar en este sentido a colegas y madres que podrán aplicarlos tanto en la escuela como en la casa y ni cuenta se darán que están reforzando su educación. No obstante les adelanto uno que aprendí del padre Jean Pierre Wyssembach, aunque vasco de nacimiento es más venezolano que usted y yo por los años que lleva en el país, y de paso ¡haciendo cosas buenas por miles de escolares! Les comparto el juego: “Titulo de locutor.”

Usted pone su aviso: “El martes se otorgarán títulos de locutor”. Prepara unos párrafos que tengan frases cortas, frases largas, diferentes signos de puntuación, admiración, interrogación… Palabras simples y otras con más dificultad… se busca un objeto que será el micrófono y comienza su lista de aspirantes. Los primeros pueden ser voluntarios, pero se anima a todos a pasar en jornadas de unos 15 minutos diarios. El jurado lo conforman los mismos niños. Los aspirantes leen en voz alta el párrafo, con su micrófono en mano. Si lo hacen perfecto, el jurado aplaude y se le otorga su título; si se equivoca, tendrá oportunidad en otra jornada. Se compite consigo mismo. Se estimula el esfuerzo por mejorar. Les aseguro todos trabajarán por obtener su título. Gracias a Wysembach y a ese juego, muchos chamos han aprendido a leer sin errores, algo necesario para todo en esta vida. Otra buena idea es que cuando todos tengan su certificado, simulen unos programas radiales en la hora del recreo.

Igualmente algo que podemos hacer de muchas maneras es alimentar el gusto por la lectura. Hay cuentos maravillosos, hay juegos que ayudan a ese gusto, hay estrategias que combinan lectura, escritura y valores, como el “Facebook de papel”, de invención propia, sin falsa modestia. Je, je. Coloque un palelógrafo –todavía se consiguen a precio viejo- ese será su facebook de papel donde escribirá los nombres de los estudiantes en una columna. Comience usted por poner comentarios tales como “Me gustan los dibujos que Karina hizo hoy en el salón”. Invite a los niños a colocar sus propios “Me gustan…” de sus compañeros, todos orientados a lo que reconocemos del otro. El facebook de papel puede servir para otros propósitos: estimular positivamente a los tímidos o a los difíciles del salón, por ejemplo, ver que se les reconoce cuando se han portado bien o han hecho una buena obra… eso es más efectivo que los estímulos negativos, a veces necesarios pero no los únicos que podemos aplicar.

Promueva la solidaridad entre los estudiantes más rápidos, los más aventajados y los más lentos o los que tienen más dificultades. Por ejemplo, proponga ejercicios de Matemática y haga que los primeros ayuden a los segundos. Haga equipos de estudio en el salón; eso será bueno para todos, pues así podrán estrechar sus lazos de amistad.

Recuerde dar especial atención a los “niños dejados atrás” que tenga en el salón. Ellos necesitan refuerzo afectivo.

Enseñe a las madres los juegos instructivo que usted aplica, ellas serán verdaderas “preparadoras”, pero no lo ponga como obligación, sino como la manera de cooperación mutua, de estar los dos del mismo lado de la cancha a favor del chamo, que es el hijo de ella y el ahijado suyo.

No olvide de decirles todos los días que espera verlos el próximo año escolar. No quiero ni pensar en las estadísticas que tendremos en julio en relación a los que no volvieron. Anímelos, prepare septiembre desde ya.

Finalmente, yo me atrevo a proponer algo más: adelantémonos y unámonos, escuela y familia, para solicitar a las autoridades del MPPE que, mínimo, estemos con alumnos hasta el 20 de julio. ¡Sí, ha leído bien! Sé que estamos cansados, agotados, pero si algo nos vamos a llevar a la tumba es la satisfacción de haber contribuido al futuro de este país trabajando por el presente de los NNA. No podemos permitir que nos impidan sembrar vida y esperanza. Si hemos decidido perseverar en la escuela, quedarnos en el país, hagamos la tarea completa. El año no ha terminado, que no finalice antes de tiempo.

Luisa Pernalete