El Padrenuestro de la escuela

Hay gente que no le gusta que los niños y niñas hagan fila para entrar a sus salones. Tampoco les gusta el lunes cívico y esas rutinas escolares. Yo confieso que me gustan y las defiendo: cierta dosis de rutina hace falta y ayuda a cosas que parecen invisibles. Por ejemplo, hacer fila por grado para pasar a los salones es un forma de proteger a los más pequeños, quienes de esta manera no son atropellados por los grandes; o reunir a todos los alumnos y maestros, cuando hay equipos directivos sensibles, inteligentes, sirve para informar sobre asuntos de interés general como el cumpleaños de una maestra, la muerte de algún familiar, el premio que algún equipo obtuvo, la solidaridad necesaria para un compañero… Eso ayuda a educar en valores.

En esas actividades de inicio, al menos en escuelas que no esconden que tienen fe y que no por eso excluyen a los no bautizados, está el rezar… El Padrenuestro nuestro no debiera faltar en ningún centro educativo, nos hace sentir a hermanos de entrada. Eso es muy bonito. Cultivar la fraternidad es un imperativo en esta Venezuela violenta, polarizada, angustiada.

Por eso comparto el Padrenuestro de la escuela. Agregue usted sus propios párrafos, pero, récelo recordando que todos somos hermanos.

Padrenuestro que estás en la escuela, en el patio entre chamas y chamos, que tu Reino sea santificado  y que de los juegos surjan los hermanos.

Padrenuestro, yo quiero que invites a Gandhi, a Malala y a Mandela en una gran ronda y todos de la mano hagamos gran fiesta de paz en la escuela.

Padrenuestro, que vengan toditos, hacen falta esos compañeros que no vi en julio, pero, si en enero.

Padrenuestro, yo quiero pedirte, por “los niños dejados atrás”, todos ellos se quedan muy tristes y hay que acompañarles y siempre abrazar.

Padrenuestro, tú que sabes de sumas, ven y corrige tareas también, que tu Reino está en las cosas grandes y en esas pequeñas que poco se ven.

Padrenuestro, que no se te olvide de darnos a todos el pan cada día. Ya ves que cuando hay desayuno, la escuela se llena de mucha alegría.

Padrenuestro que siempre perdonas, que yo entienda cada travesura, que cuente hasta 10 cuando esté muy brava y hasta en las sanciones ponga yo ternura.

Padrenuestro, te pido perdón por las clases que doy sin sentido, por hablar siempre más de la cuenta, por los días que no me he reído.

Padrenuestro, que nunca caigamos en la tentación de dejar de inventar; que el cansancio, el miedo o la injustica no sean una excusa para no soñar.

Padrenuestro, protege a los niños de balas perdidas y de todo mal, que venga María y les de la mano, y un ángel guardián camine a la par.

Padrenuestro, que cuando yo muera nadie diga que fui una “sufrida”, que se diga que fui una maestra feliz de enseñar y muy divertida.

Padrenuestro, yo soy un alumno y quiero que protejas mi escuela, que también que bendigas a esas maestras que son cariñosas y todas muy bellas.

 

Luisa Pernalete