La necesidad de tratar los temas difíciles

Llegaba el día para conmemorar “La prevención del embarazo temprano”, en el colegio querían tratar el tema y no encontraban por dónde comenzar. “¿Qué tal si hacemos un conversatorio de mujeres con mujeres?”, propuso el director y así hicieron. Fueron las alumnas y un equipo de profesoras que se prepararon para hablar del punto, hasta ese momento era un tema conversado normalmente en los pasillos, pero, no trabajado en el aula.

Del embarazo adolescente pasaron a otro asunto escabroso como lo es la violencia sexual, explicaron qué es y sus tipos. Comentaron que violencia sexual no es solo la violación, no es solo genitalidad, es también el manoseo, es arrancarte un beso, una caricia que tú no quieras dar ni recibir. Alertar que los victimarios suelen ser familiares o personas conocidas de la familia y no el malandro del barrio. Y por ahí fueron hablando, con mucho interés por parte de las alumnas.

Al finalizar la actividad una chica, de esas que hablan poco, pidió conversar con una de las profesoras y se atrevió a compartir con ella su caso. Nunca lo había mencionado: de niña un familiar abusaba de ella, no llegó a penetrarla, sin embargo la manoseaba: “Son juegos –le decía el sujeto– no tienes que contarle a nadie”. Y fueron reiteradas las veces que lo hizo. Le afectó mucho y jamás se lo dijo a nadie. Ahora quiere buscar ayuda para ella y teme que su hermana menor también haya caído en las garras del familiar abusador.

Afortunadamente, el caso de Vanesa, nombre ficticio aunque su historia es real, fue trabajado en un colegio que sabe qué hacer en estos casos, y se le está prestando ayuda psicológica a las dos hermanas, porque, efectivamente, la hermana menor también está siendo víctima. Vanesa fue capaz de hablar y buscar ayuda, porque tratar el tema fue la ventana que le permitió sacar lo que tenía por dentro.

Este mes que está por finalizar, cuando se conmemoran los 30 años de la Declaración de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, y también es el mes de la “Prevención contra el abuso sexual a NNA”, se presenta como oportunidad para tratar este tema de la violencia sexual con los estudiantes. Sugiero que también estén los chicos, no solo porque es un mito que nada más ellas son víctimas de este tipo de violencia, sino también porque ayuda a prevenir, puede evitar que ellos sean victimarios. Se suele hablar de acoso escolar, pero se silencia la violencia sexual, y se sabe que puede dejar secuelas para toda la vida si no se aborda.

Como un consejo a padres, madres y educadores: hay que estar atento a cualquier cambio en el ánimo o conducta del niño, niña o adolescente. ¿Hablaba mucho y ahora está muy callado? Es un ejemplo. Así como si se muestra resistencia a visitar a algún familiar, vecino o a ir a la escuela. Por un día se pasa, pero si esa actitud es reiterada, algo está sucediendo. Recuerde además que la violencia sexual suele estar acompañada de seducción y/o amenazas por parte del victimario.

Fe y Alegría, en alianza con Unicef-Venezuela, acaba de publicar el “Protocolo de prevención, intervención y seguimiento de la violencia contra niños, niñas y adolescentes” (Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín, 2019), el cual, por cierto, advierte que se puede reproducir, copiar o difundir, parcial o totalmente, sin necesidad de pedir permiso, siempre que sea para fines educativos, haciendo referencia al título. Así, que lo ponemos a disposición de los interesados, porque está digitalizado.

En estos tiempos de emergencia humanitaria compleja, en Venezuela no hay ciudadano que no esté afectado, de una manera o de otra, por la situación. Ante la hiperinflación, los apagones –sin horario–, la falta de agua, el transporte caro y escaso, el tema de la violencia puede estar pasando a segundo plano, dejando en orfandad a muchos niños, niñas y adolescentes; por eso nuestra insistencia en estos temas. Añádase además que hay muchos adolescentes “dejados atrás”, que están más huérfanos que quienes tienen a su lado a su padre o su madre. ¿A quién acude un adolescente que esté sufriendo de acoso o abuso sexual? ¿Dónde están los servicios de salud mental, de orientación para ellos? ¿Dónde está el sistema de justicia para que caiga todo el peso de la ley sobre quienes cometen estos delitos? El Estado no lo tiene dentro de sus prioridades. La escuela puede ayudar a mitigar ese sufrimiento, puede prevenir la violencia sexual y eso es también nuestra responsabilidad.

Luisa Pernalete