Inicio del año escolar 2018-2019

Queridos/as amigos/as y compañeros/as en la misión:

Estamos empezando un nuevo año escolar. En esta ocasión con más dificultades que el pasado. Por eso, ante todo, pedimos a nuestro Padre Dios, a nuestro hermano mayor Jesús y a su Espíritu que nos bendigan, nos acompañen, nos protejan y fortalezcan.

Iniciamos las actividades con graves problemas. Sigue presente la grave crisis que nos afecta en la seguridad, la alimentación, la salud, la educación, la familia, la economía, la institucionalidad democrática, en fin, en casi todas las actividades de la vida diaria. Pero a eso hay que añadir la gran escasez de personal y el abandono de las aulas por parte de muchos alumnos.

En estas circunstancias tenemos que ser más que nunca, Fe y Alegría, respondiendo con vocación al compromiso con nuestra gente. En los tiempos del Padre Vélaz hubo un lema que fue motivador: “Un niño sin escuela es problema de todos”. Como en la parábola del Evangelio salgamos a las calles y barrios a buscar a nuestros alumnos, a los que se fueron y a los que están sin escuela o sin oportunidades. Y para recibirlos bien, construyamos una comunidad escolar con relaciones fraternas, donde todos seamos necesarios; unos espacios donde nuestros alumnos y participantes, por medio de nuestro ejemplo y compromiso, sientan el gusto por aprender y trabajar por sus sueños. Que sean espacios cálidos, donde todos se sientan bien recibidos. Las dificultades nos tienen que empujar a ser más creativos e innovadores, con aulas y programas donde se sienta el gusto y la alegría de aprender, donde analicemos nuestro contexto y busquemos soluciones a sus problemas.

Estamos en una situación en la que, hoy más que nunca, es necesaria la comunidad educativa comprometida y participativa, para que sea parte de la solución de los problemas que son de todos. Igualmente tenemos que buscar aliados que nos ayuden en el hermoso reto de educar.

Quiero poner especial énfasis en el cuidado del personal. Creemos ambientes donde podamos reconocernos, crecer y formarnos, compartir nuestros dones y ponerlos al servicio de nuestra misión. Tenemos que aprender a respetarnos, a aceptarnos diferentes, a escucharnos.

Y sobre todo busquemos alimentar nuestra interioridad, nuestra espiritualidad, nuestro encuentro con el Dios de la vida que nos ha encomendado una pequeña parcela de su Reino para que la cuidemos y la hagamos crecer. Dejémonos impactar por Jesús, nuestro hermano y compañero de camino, que nos enseña con su ejemplo, que la vida es para servir. Oremos en común y pidamos la luz del Espíritu para ser lo que tenemos que ser y lo que se espera de nosotros. Y que no falten espacios de celebrar y compartir, porque no todo es trabajo en la vida…

Todo esto lo construiremos entre todos; con tu participación, tu actitud positiva, tus talentos, tu disposición. Nadie puede sustituir lo que tú puedes dar. No son momentos de pesimismo, de queja. Son momentos de sacar lo mejor de nosotros, de dar más de lo que se nos pide…

Dios nos bendiga en nuestra importante labor de construir el futuro con nuestros alumnos y participantes.

Manuel Aristorena

Director General

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