La calle, ¿lugar de ataque o de encuentro?

El otro día, por poco, no atropello a un motorizado. El joven venía sin casco, tragándose la flecha y por el medio de la calle. Mi ángel de la guarda, que no me abandona, me alertó a tiempo y pude detenerme; aunque el motorizado no me preguntó por mi mamá y se excusó, pasó también su susto. ¡Tres infracciones –riesgosas para él– en un solo instante: venía en medio de la calle, en vez de la orilla, sin casco –se supone que obligatorio– y en sentido contrario.

Lo anterior fue en Barquisimeto, pero hace unas semanas en Caracas, en el centro, por poco no fui atropellada por un motorizado que venía conduciendo por la acera, que es para los peatones.

En otra ocasión, hace algunos días mientras buscaba un puesto para estacionarme en una panadería y el “cuidador” me indicó uno ¡donde cabía si lo hacía en diagonal1 Le mostré el aviso que decía explícitamente “No estacionar en diagonal” y el señor, con amabilidad y casi que con autoridad, me respondió: “Señora, eso era antes, ahora en Venezuela todo el mundo hace lo que quiera”. Seguro se me pusieron los ojos como huevos fritos, pero tuve que reconocer que tenía bastante razón el señor…

¿ Y qué me dice de los semáforos? O no sirven o simplemente no son respetados: si usted se detiene en rojo, el chofer de atrás le toca la corneta para que pase; si usted tiene luz verde, mejor es que se detenga y vea si no viene un loco que seguro se tragará al roja que le corresponde.

No hablemos del “rayado” en las esquinas. Se supone que son para el pase de los peatones y que tiene su sentido: cuando un conductor se acerca a la esquina debe desacelerar, hay menos peligro de atropellar al que va a pie.

¿Y las autoridades responsables de hacer cumplir las leyes de tránsito? Especie en vías de extinción. Hace tiempo que no veo un fiscal. Tal vez también emigraron.

En la calle se encuentra todo el mundo: el rico y el pobre, el niño y el anciano, los lentos y los veloces, el conductor de carro, el de moto, el de bicicleta y el peatón; el que puede ver y el invidente,… Por eso las normas de tránsito son necesarias para ampararnos a todos.

He pensado mucho en lo que nos va a costar reconstruir este país. La desinstitucionalización es generalizada, el desprecio por la norma es casi generalizada, aunque siempre quedamos algunos que las respetamos hasta por egoísmo legítimo. Lo contrario al imperio de la Ley -el único que defiendo- es la Ley de la selva, en la cual gana siempre el más grande, el más rápido, en detrimento del más débil. Las leyes ciudadanas son necesarias para la protección de todos y, en especial, a los más vulnerables.

Recuerdo una experiencia del Municipio Sucre, cuando Ocariz era alcalde: unos mimos se paraban en las esquinas y cuando el semáforo estaba en rojo, los mimos enseñaban normas del tránsito. ¡Era creativo, útil y bonito! En otros tiempos, en Barquisimeto, si a uno lo agarraban transgrediendo una norma, no le ponían multa: lo obligaban a ir a una charla sobre la Ley de Tránsito.

Las normas son necesarias, al igual que las sanciones para quien las incumple. Autoridades que no sobornen, conductores y peatones que conozcan sus deberes y sus derechos, que actúen con conciencia pensando en los otros y en ellos también… ¿No puedo soñar con eso?

Luisa Pernalete