La pedagogía de la Educación Popular de Fe y Alegría

No olvidemos que educar es despertar personas, ayudarles a desarrollar todas sus potencialidades, para que realicen su vocación y alcancen la plenitud. Se trata de propiciar la creatividad y autonomía de cada estudiante para que sea capaz de moldearse a sí mismo y hacer de su vida una verdadera obra de arte, al servicio de los demás y de la humanización de nuestras sociedades. Cada persona tiene que ser autor y actor de su propia vida. No mero actor de un guión que otros escriben para él o ella. Autor, actor y también espectador, capaz de mirarse en profundidad, de reflexionar y someter a crítica lo que es y va siendo, lo que hace y cómo lo hace.

La pedagogía es el camino por el que maestros y profesores acompañan a los alumnos en su crecimiento y desarrollo. En consecuencia, la pedagogía nos lleva a aterrizar en la práctica, los fines y buenas intenciones, pues nos muestra que sólo es posible educar para si educamos en: en y para la responsabilidad, en y para el servicio, en y para la creatividad, en y para el compromiso… Con frecuencia proclamamos unos fines muy valiosos pero lo que hacemos niega o imposibilita lo que pretendemos. De ahí que la pedagogía exige la reflexión permanente de la práctica (lo que hacemos) para adecuarla a las intencionalidades (lo que pretendemos) y los contextos (la realidad de los alumnos, del centro, del país, del mundo).

El pedagogo, como un profesional de la reflexión (sobre el ser, el hacer y el acontecer), fomenta el pensamiento crítico permanente, tanto personal como comunitario, para detectar y superar las incoherencias y contradicciones.

Pero no podemos olvidar que la pedagogía responde a la filosofía educativa: de ahí las diferentes posibles pedagogías. La Educación Popular Liberadora de Fe y Alegría postula una Pedagogía para la formación integral y multidimensional de la persona. Pedagogía que cuestiona las prácticas ideologizadoras, dogmáticas, transmisivas, discriminatorias y autoritarias que con frecuencia subsisten en los discursos emancipadores, para contribuir a humanizar la sociedad.

Es, en consecuencia, una pedagogía que propulsa una lectura crítica de las estructuras injustas y del ejercicio del poder en todas las dimensiones y se orienta a empoderar a los sujetos populares, es decir, a desarrollar todas sus capacidades y potencialidades, de modo que sean gestores de su propio destino y de una sociedad genuinamente democrática y justa.

De la pedagogía tradicional reproductora a la pedagogía popular transformadora y liberadora

Con la idea de ayudar a leer nuestras prácticas, les presento a continuación una propuesta para ir pasando de la pedagogía tradicional reproductora que todavía está muy presente en nuestras prácticas educativas, a una pedagogía popular transformadora y liberadora, más coherente con la misión de Fe y Alegría.

1. De la enseñanza al aprendizaje: La educación tradicional gira en torno al profesor y la enseñanza. La pedagogía popular liberadora gira en torno al educando y su aprendizaje. El derecho a la educación es derecho al aprendizaje. Los docentes enseñan, pero ¿qué aprenden los alumnos? ¿Aprenden a ser mejores, a convivir con los otros diferentes, a hacer, a resolver problemas, a aprender permanentemente, desde la cuna hasta la tumba, a involucrarse en la transformación de las estructuras que generan injusticia y opresión?

2. De la planificación centrada en el texto y el programa (descontextualizada, inflexible), a la planificación centrada en el alumno y su contexto: Al ser el alumno el centro de todo el proceso educativo, la planificación parte de su experiencia, sus conocimientos previos, sus saberes, necesidades e inquietudes, y no del currículo preestablecido e igual para todos. Pedagogía que se adapta a la realidad de cada alumno, que reconoce y valora su cultura, su lenguaje, y lo acompaña en su crecimiento y realización personal y comunitaria.

3. De la pedagogía uniformadora y excluyente, a la pedagogía inclusiva y de la diversidad. Atiende, respeta y valora la diversidad de caracteres, ritmos, necesidades, formas de aprender…, favoreciendo a los que tienen menos posibilidades y oportunidades de salir adelante. Es, en consecuencia, una pedagogía del amor, de la ternura, del diálogo, de la inclusión. Por ello, defiende la educación de calidad para todos, como derecho, lo que implica defensa de la educación pública de calidad y combate las políticas mercantilistas y excluyentes que quieren convertir a la educación, que es un derecho, en una mercancía.

4. De la pedagogía verbal a la pedagogía del trabajo, la producción y el emprendimiento: La pedagogía tradicional privilegia la palabra del docente y la repetición y memorización de dicha palabra por parte de los alumnos. La pedagogía popular liberadora es una pedagogía activa, del hacer, del aprender creando; promueve la curiosidad, la creatividad, el pensamiento crítico, la investigación, la solución de problemas.Las aulas se van transformando en talleres, laboratorios, lugares de encuentro, diálogo, discusión, creación y emprendimiento.

5. De la pedagogía individualista y competitiva, a la pedagogía colaborativa, cooperativa y comunitaria, que promueve la organización y la movilización. La pedagogía popular liberadora combate con decisión el aislamiento de los docentes, el individualismo de los alumnos y la desconexión educativa de los padres, representantes y comunidad en general. Todo el personal del centro educativo es un gran equipo, unidos en la identidad y en la misión, en el que cada uno asume el trabajo con entera responsabilidad y cuida y se preocupa por los demás. El centro educativo se organiza como una comunidad de aprendizaje y vida, que promueve la organización y la articulación con movimientos sociales emancipadores. .

6. Dela pedagogía que promueve la resignación y el acomodo, a una pedagogía de la esperanza y la transformación. La educación, como lo repetía Paulo Freire, exige la convicción de que es posible el cambio, implica la esperanza militante de que los seres humanos podemos reinventar el mundo en una dirección ética y estética distinta a la marcha de hoy. Esperanza crítica, no ingenua, que necesita del compromiso y sobre todo del testimonio coherente para hacerse historia concreta.

7. De la pedagogía que asume la evaluación como un medio de control y exclusión, a la pedagogía que entiende la evaluación como un medio de aprendizaje y apoyo. Una pedagogía al servicio del alumno exige una revisión profunda de la cultura y las prácticas de evaluación.Evaluación que ayuda a descubrir tanto al alumno como al docente sus fortalezas, sus carencias, sus necesidades. Evaluar no para clasificar y castigar, sino para ayudar, para evitar el fracaso, para que todos tengan éxito. El error no se castiga sino que se asume como una extraordinaria oportunidad de aprendizaje.

8. De la pedagogía fragmentada, que enfatiza el saber académico, a la pedagogía integral, que cultiva todas las dimensiones de la persona (cuerpo, mente, manos, corazón, espíritu). Pedagogía orientada a desarrollar los conocimientos, sentimientos y valores; que forma razón, corazón y espíritu.

9. De la pedagogía integradora, a la pedagogía liberadora y evangelizadora, que busca el desarrollo integral de la persona, teniendo como modelo a Jesús, el Hombre Nuevo por excelencia y camino para llegar a serlo. La espiritualidad no consiste en alejarse del mundo y de los demás, sino en seguir con radicalidad y valentía el proyecto de Jesús de establecer el reino de la justicia y la hermandad.

10. El aporte de la espiritualidad. Jesús modelo de educador y pedagogo. En Él, como fuente de vida, debemos alimentar nuestra decisión de intentar ser educadores, maestros, como Él lo fue. Entre los rasgos sobresalientes de su pedagogía podemos subrayar:

10.1. Pedagogía del testimonio: Jesús era un maestro que hablaba con autoridad, porque comunicaba su experiencia, lo que vivía. Su vida fue siempre coherente con sus palabras y enseñanzas. Él vivió todo lo que propuso y su vida fue su principal enseñanza.

10.2. Pedagogía liberadora y creativa: Enseñó con total libertad y creatividad, superando la doctrina, tradiciones, leyes, e instituciones de su tiempo.

10.3. Pedagogía crítica: Condenó con valor y vigor el uso represivo del poder, las estructuras injustas y buscó construir una nueva sociedad, el Reino, el proyecto del Padre. Utilizó la pregunta y la parábola para provocar la reflexión y el discernimiento.

10.4. Pedagogía del amor y la inclusión: Acogió con cariño a todos, especialmente a los rechazados y excluidos. Su papel no era condenar o juzgar sino ayudar, curar y salvar.

En el relato de Emaús (Lucas 24, 13-35) podemos encontrar una muestra excelente de la pedagogía de Jesús).

Por: Antonio Pérez Esclarín (pesclarin@gmail.com)

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