Libres para liberar

Hace ya unos cuantos años, Erich Fromm escribió un libro que tituló El miedo a la libertad, en el que mantenía que la mayor parte de las personas, por tenerle un gran miedo a la libertad, la confunden con la esclavitud. Dicen que son libres porque hacen lo que quieren, lo que les apetece o les da la gana, porque se han liberado de normas, leyes y principios éticos y así terminan esclavizándose al capricho, al egoísmo, a la ambición, a los vicios, al ansia de poder o de tener.

Olvidan que la libertad y responsabilidad se implican mutuamente y vienen a ser las dos caras de una misma moneda. El que en nombre de su libertad no asume su responsabilidad como padre o madre, como esposo o esposa, como hijo, como ciudadano, como gobernante, es un esclavo que termina esclavizando a los demás.

Víctor Frankl señaló una vez que la excelente obra iniciada con la Estatua de la Libertad en Nueva York debía completarse con la Estatua de la Responsabilidad en Los Ángeles, con lo que pretendía subrayar la necesidad de no desligar nunca la libertad de la responsabilidad. Una acción libre es siempre una acción responsable. Libertad sin responsabilidad es libertinaje, capricho, dependencia, dominación. Son bien evidentes los estragos en todos los ámbitos que ocasiona un mal uso de la libertad.

El libre respeta, se responsabiliza de sus palabras y sus actos, actúa con coherencia, trabaja por la libertad de todos. La libertad responsable surge precisamente cuando descubrimos al otro como sujeto de derechos, que tiene una dignidad inviolable que debemos respetar y garantizar. En consecuencia, la libertad supone superar el egoísmo y la violencia, pertenecer a la vida y apostar por la convivencia. Nos deshumanizamos cuando renunciamos a nuestra condición de persona con el otro, cuando vivimos esclavos de nuestros caprichos o de nuestro egoísmo sin importarnos los demás. Por ello, el que es auténticamente libre ni ofende ni teme, y se opone a todas las formas de dominación o de opresión.

Una vida sin libertad no merece ser vivida. Pero una supuesta libertad que no respeta la vida y llena al mundo de cadenas es opresión y barbarie. No es concebible una supuesta libertad que no respeta los derechos del otro, que engaña, ofende y causa sufrimiento. La libertad se ejerce, en consecuencia como liberación, como lucha tenaz contra cualquier tipo de dominación o de opresión.

Para ser hoy libres, hace falta mucho valor, sacudirse los miedos y levantarse con decisión a la conquista de la libertad liberadora, lo que implica coraje para recorrer un camino de esfuerzo y vencimiento, en contra del egoísmo, el acomodo y todo tipo de opresión. Hoy, cuando quieren acallar con amenazas las voces disidentes, hace falta mucho valor para expresar con libertad el propio pensamiento, para actuar según los dictados de la propia conciencia, cuando la mayoría a nuestro alrededor se acomoda, calla o se abstiene por miedo.

En definitiva, libre es aquella persona que nadie ni nada tiene poder sobre ella. Y solo los libres podrán liberar. Con corazones aferrados al poder, nunca construiremos participación o democracia. Con corazones esclavos de la ambición y el afán de acumular, nunca acabaremos con la corrupción. Con corazones llenos de odio y de violencia, nunca construiremos la paz.

Antonio Pérez Esclarín

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