Lo que venga tiene que ser mejor

“Nosotros sabemos que las cosas están mal, pero con esfuerzo saldremos adelante”. Esa expresión, venida de un grupo de adolescentes “camisas azules”, de Petare, me resuena como una luz de esperanza. Esa expresión en un país en donde la renta petrolera no ha servido en estos últimos 18 años para mejorar sino para hacernos creer que se puede vivir sin trabajar, es como para que genere admiración. A esto le uno las peticiones que, a veces, me hacen estudiantes de bachillerato y de Educación Universitaria: “Usted, que conoce tanta gente, consígame un trabajo para los fines de semana y así poder continuar estudios”. ¿No es para conmover a cualquiera?
Los niños y niñas madurando aceleradamente sin perder inocencia y originalidad, como Victoria –mi “maestra” de 6 años– estudiando los candidatos para entregar los hijos de su perrita Estrella en adopción. “A esa vecina no le doy perrito, no todos cuidan a los animales. La perrarina está muy cara” y sigue buscando hogar para los cachorros. O su reflexión: “Mejor piñata comprada no, eso cuesta mucha plata, pero mi mamá me puede hacer una”. Pensamiento flexible.
Profesionales con preocupación y ocupación genuina y profunda, produciendo estudios que desnudan la crisis –como lo que hace Cáritas con el tema de la desnutrición, o el Instituto Prensa y Sociedad (@ipysvenezuela) con su trabajo “Los huérfanos de la salud” y además ¡orientan acciones! Pudieran hacer otra cosa e incluso estar fuera del país. Añado aquí la generosidad de profesionales de la salud mental, psiquiatras y psicólogos, ofreciendo sus servicios para reducir angustias, como Psicólogos Sin Fronteras. También agrego la cantidad de académicos y expertos que aceptan invitaciones a reuniones, foros, sin cobrar por entregar su experiencia.
Las nuevas y variadas iniciativas para reconstruir el tejido social, como lo que hace el Centro Gumilla en muchas ciudades o Caracas Mi Convive que, de paso, ayudan a prevenir y reducir la violencia interpersonal y promueven la convivencia fraterna, igual que las decenas de grupos de Madres Promotoras de Paz que funcionan hoy en 16 ciudades y con varias más en una lista de espera, quienes dicen: “ahora hay que incorporar a los padres”; ellas no hablan de “hasta cuando inventan” o “me basta con que en mi casa no hayan golpes”. Siempre mantienen la oración “Hay que hacer algo”, en sus labios.
La valoración de la no–violencia como opción para la lucha: Dale letra, Las Pilonreas –esas que cantan-, El Bus TV, Elías Santana con su emisora comunitaria socializando posibilidades; el Capítulo de Mahatma Gandhi-Venezuela, promoviendo la resolución pacífica de conflictos y las enseñanzas de Gandhi y sus herederos entre dirigentes comunitarios, con un trabajo callado, pero perseverante. Todos “desaprendiendo la guerra”.
Los periodistas que nadan en medio de la tormenta, los que buscan maneras de saltar obstáculos a la censura, controles; los maestros que no renuncian a trabajar en escuelas con entornos muy violentos, que asumen más responsabilidades porque comprenden la complejidad de la situación. “Ajá, hay que cultivar la interioridad, y aprender y enseñar habilidades para la convivencia, y herramientas para el emprendimiento…”, y sigue la enumeración de lo que tenemos que aprender y enseñar.
Finalmente, esa fiesta ciudadana del domingo 16 donde permanecieron voluntarios desde las 6 am hasta la noche, profesionales repartiendo café y galletas, sin protagonismos. “Aquí traje un bolígrafo, aquí una bolsa para la basura”. La seriedad: “hay que contar cada papeleta, dos veces para verificar”, escuché a los de la mesa 9. “Ahora, línea por línea en el cuaderno”. Siete millones, ¡fueron 7 millones de voluntades! “En mi barrio votó medio mundo”, me contó mi comadre Iris, de San Félix. “No importa que nos vean los del CLAP”, completó su informe la señora. Lo del 16 es realmente histórico, mucho más de lo puedo ponderar en unas líneas. Sin uniformados velando.
Los venezolanos ya no somos los mismos en muchos sentidos y después del domingo 16 somos mucho más que un Bravo Pueblo… Recuperarnos de esta larga pesadilla no será fácil, pero, no es imposible. Lo que venga tendrá que ser distinto y mejor.

Luisa Pernalete