Me gusta mi Constitución, ¿a usted no?

Lo confieso: yo voté a favor de esta Constitución. Cargo siempre conmigo una edición de “cartera” y hasta me sé unos cuantos artículos de memoria. Está subrayada, como evidencia de su uso constante. A mí me gusta, ¿y a usted?
Me gusta, por ejemplo el preámbulo, donde se habla de “Refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural”. Los subrayados son míos. Fíjense: se reconoce que queremos una sociedad de–mo-crá-ti-ca. ¡Linda palabra! La democracia supone consultas, elecciones, horizontalidad, discusión, inclusión. Sociedad participativa indica que no se quiere ciudadanos pasivos, espectadores, sino que actúen, que se expresen, sean protagonistas, nada de puros “actores de reparto”… Líneas más abajo menciona “el imperio de la ley”: ¡el único imperio que me gusta! El de la ley, porque si se respeta la ley, que ampara a todos, a los más vulnerables, a los más pequeños, se pueden sentir protegidos, no como en la selva donde siempre gana el más grande, el más fuerte. ¡Esa es la ley de la selva! Lea usted todo el preámbulo y dígame con qué está en desacuerdo.
Me gusta el artículo 2, porque establece que Venezuela se constituye en un Estado democrático –repite el calificativo– y que propugna, termina el artículo “la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. O sea que se acepta que se puede pensar diferente y eso no puede ser delito. ¿A usted no le gusta el Art. 2?
Pasemos al Título III, que me agrada completo, pero destaquemos algunos aspectos. Por ejemplo el Art. 2: “Todas las personas son iguales ante la ley y en consecuencia – numeral 1 – no se permitirán discriminaciones por raza, sexo, credo, condición social…” O sea, los derechos son para todos, la ley es para todos. ¿A quién le puede parecer malo esto? ¿Qué le parece el 23? Se reconocen los tratados, pactos y convenciones relativos a Derechos Humanos suscritos por Venezuela tienen jerarquía constitucional. O sea, en resumen pues, se reconoce que Venezuela está dentro de la comunidad internacional y respetará las reglas. Y sigamos con el artículo 29 que establece que “el Estado estará obligado a investigar y sancionar los delitos contra los Derechos Humanos cometidos por las autoridades”. No hago comentarios, solo decir que todo gobierno serio respetaría esto.
Avancemos. Me gusta el artículo 46: “Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral, en consecuencia –(numeral 2)– toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano”. Agregue aquí el 49, el derecho al debido proceso. ¿Sabe lo que eso significa? Nos conviene a la mayoría, a los “buena gente”. El 49 también establece que los ciudadanos serán juzgados por sus jueces naturales. Importante recordarlo por estos días: soy civil, no militar. No quiero dejar de mencionar el 50 –referido a la libertad de tránsito-, ni el 55 –el que dice que tenemos derechos a la protección por parte de Estado, o sea, el Estado no está para agredir sino para proteger. ¿No le gusta ese? Consideremos el artículo 61: derecho a la libertad de conciencia, ¡nada dice de conciencias secuestradas o comparadas!
Me encantan todos el articulados que tiene que ver con los derechos civiles y políticos: el voto, el 63, o sea que las elecciones son un derecho. El 68 no lo transcribo porque se ha vuelto muy popular: el derecho a manifestar pacíficamente y sin armas, y lo que viene es textual: “se prohíbe el uso de armas de fuego y sustancias tóxicas en el control de las manifestaciones pacíficas”. No sé por qué, pero, me viene a cada rato a la mente este 68.
Menciono otro artículo que es muy importante para mí: el 78, que establece que los NNA son sujetos plenos de derecho y por eso el Estado, junto a la familia y la sociedad, asegurarán sus derechos con prioridad absoluta. ¿Se dan cuenta? Por encima de los derechos de los NNA no hay nada más importante, esto significa que si hay pocos recursos, por ejemplo, estos deberían ser empleados para garantizar alimentos y medicinas para los niños y niñas y no para armas, por poner un ejemplo. Y los garantes de los derechos de esa población, según la CRBV, somos el Estado, la familia y la sociedad. Por eso es que siempre andamos luchando a favor de esa población, porque la Constitución me obliga.
Le recomiendo leerla toda la Constitución Nacional. La valorará como yo. Espero que siga siendo mi Constitución, lo que quisiera es que se cumpliera. A mí me sigue gustando, ¿y a usted?

Luisa Pernalete