Que canten los niños

“Que cante los niños, que alcen la voz/ que hagan al mundo escuchar/ que unan sus voces y lleguen al sol/ en ellos está la verdad/”.

Le pido prestado a José Luis Perales el título de esa canción linda  con las voces de niños y niñas, pero lo completo con lo que cantarían aquí en Venezuela.

Yo canto para que me dejen vivir”,  cantan aquí todos los niños desnutridos, los que esperan en los hospitales por medicinas para sus tratamientos; los  del JM de los Ríos, con medidas de protección otorgadas por la Comisión Interamericana de DDHH y siguen  sin respuestas por parte de las autoridades; también los que están en los vientres de madres que no consiguen sus vitaminas,  tratamientos para el VIH… Que canten para que  los dejen vivir.

“Yo canto por los que no tienen pan”. Solo hay que mirar los twitter de Susana Raffalli, los informes de Caritas, sobre los miles de niños en situación de riesgo por los niveles desnutrición, con su presente y futuro comprometido. Cantamos porque los que no  van a la escuela por no tener pan, por los que he visto desmayarse en el Metro de Caracas…

Yo canto para que sonría mamá”. Tantas madres haciendo malabarismos para dar de comer a sus hijos. No puedo olvidar la oración de mi “consultora” de 7 años, la pequeña Victoria: “Pido a Diosito por mi mamá, para que se ponga gordita porque está flaquitica”.  ¡Flaquitica están muchas!, dejan de comer para que vivan los pequeños.

Yo canto para que respeten la flor/ y yo para que no me ensucien el mar”. Aquí canto para que paren el Arco Minero y no sigan  contaminando  los ríos del estado Bolívar. Por los niños indígenas de esos pueblos que han cuidado de nuestro ambiente  y que la voracidad de las autoridades está destruyendo en pocos  años.

Que canten los niños que viven en paz/ y aquellos que sufren  dolor/que canten aquellos que no cantarán/ porque han apagado su voz”.  También hay “niños que viven en paz” gracias a familias que les cuidan, educadores que les protegen, ONGs que no duermen, pero están los otros, los que sufren, los que no cantarán. ¿Cuántos niños han sido tragado por este tsunami de la Emergencia Humanitaria Compleja?  ¿Cuántos han apagado su voz?

Yo canto por el que no sabe escribir”.  Me uno a ese canto, por todos los que este año han faltado a la escuela, por comida, por transporte, por efectivo, porque sus madres no tienen detergente, porque  un lápiz puede costar entre 80 mil y 500 mil bolívares, un cuaderno pasa del millón, porque los zapatos rotos no pueden ser sustituidos. Canto para muchos pueden regresar a las aulas en septiembre. Canto para que la generosidad de los venezolanos incluya en su lista “un lápiz para un niño”.

Yo canto para que se escuche mi voz/ y yo para ver si les hago pensar”.  Yo canto para que todas las organizaciones  de la REDHNNA no cesen de cantar cada vez más alto; canto por los periodistas para que se sigan haciendo  eco de todos estos cantos, para que la voz de los niños y niñas se vuelva  viral y se convierta en un clamor  que llegue al cielo. Cantamos para que los que tienen algún poder de decisión dejen su sordera y su insensibilidad y autoricen la ayuda humanitaria y no se apaguen más voces.

Yo canto porque quiero un mundo feliz”.  Le pregunté a mi ahijada Cecilia, quien es una adolescente qué  debía escribir  para el Día del Niño  y sin pensar mucho me dijo: “Día del Niño sin caramelos”. Me llegó al alma.  Quiero un mundo  feliz para los pequeños, con caramelos y creyones.

“ Y yo por si alguien me quiere escuchar”.  No queda otro,  unirnos muchos, muchos para que se escuchen las voces de los niños y niñas que no tienen culpa de este desastre que no garantiza ni un caramelo. Tengo fe en que el coro sea cada vez más grande.