Quiero completo mi salón

El año escolar pasado hubo niños que comenzaron y no volvieron por diversas razones: uniformes, útiles, pasaje, efectivo,… Luego vinieron otras razones: unos no regresaron,  mientras otros venían algunas  veces sí y otras no, incluso varios ¡dejaron de asistir! Hubo quienes resistieron con sus familias, apoyando, haciendo malabarismos para asistir. El bolívar era “fuerte”, ahora es “soberano”, pero, ahora alcanza menos. Sabemos que este nuevo año escolar los escenarios se presentan más difíciles, pero nosotros, los educadores,  y todo ciudadano capaz de ver más allá de su día y de su metro cuadrado, tenemos la obligación de proteger a los niños, niñas y adolescentes (NNA),  procurando que tengan su dosis de “rutina escolar”. Por eso este deseo expresado en voz alta y ojalá sea en coro: ¡quiero mi salón completo, qué vengan los niños!

Este podría ser el lema de una buena campaña.  Imagínense a  una maestra llamando a sus alumnos, que son sus ahijados: “los quiero a todos en el aula, los espero a todos. Quiero lleno el salón”. Y es que, debemos confesarlo, en medio de esta Venezuela reconvertida, con problemas viejos no resueltos y otros nuevos que se agravan cada día, nos da miedo que los salones de clase estén vacíos, solitarios. Esta campaña no puede quedar solamente en manos nuestras, es decir, de los educadores:  toda la sociedad tiene que hacer conciencia de que sin educación no hay ni presente ni futuro para nuestros niños y niñas, ni para el país. Y disculpen la repetición de la idea en apenas dos párrafos: ¡qué vengan!

Es posible que a muchos niños no les guste hacer tareas; es posible que a muchos adolescentes les moleste tener que dejar de pensar en la chica que les quita el sueño por prestar atención al profesor de matemática, sin embargo, aunque usted no lo crea, a los chicos les gusta la escuela. Es verdad que ahora están las nuevas tecnologías, pero hay funciones de la escuela que no se cubren con computadoras. Aprender a ser, a convivir, a jugar con el otro, a ser ciudadano activo, con deberes que deben cumplirse y derechos que han de defenderse, eso se aprende en la escuela. A veces, para muchos niños y adolescentes, la escuela es el único lugar medio seguro en su comunidad, donde se les protege,  se les escucha, donde se pelean y al rato se contentan. Para unos cuantos, la escuela  es el único lugar donde comen algo. La escuela es el lugar donde están los compañeritos. La función socializadora no se cubre con una tableta. ¡Qué vengan!

En esta situación de emergencia humanitaria compleja, que no es reconocida por las autoridades,  pero que es evidente para los que tenemos oídos, ojos y corazón para sentir, los niños han perdido su rutina, por lo cual   las familias y nosotros, los educadores, tenemos que contribuir a esa recuperación.  Hasta en países donde hay conflictos armados se procura que los niños vayan a la escuela. Por eso, quiero mi salón completo. ¡Qué vengan!

Si de verdad los queremos a todos en el salón, sabemos que debemos prepararnos, pensar en planes especiales para esos que dejaron de venir o faltaron mucho. Las bibliotecas, muchas veces vacías, pueden ser el lugar para ello. Pidamos ayuda a madres voluntarias, a egresados, a estudiantes universitarios; entrenemos a los estudiantes más grandes, estarán felices de hacer juegos instructivos –el padre Wyssen les enseña-, a docentes jubilados… Recordemos que debemos flexibilizar ciertas normas como el uniforme y los útiles. Que los útiles no sean otro obstáculo  para que el chamo no venga a la escuela, como dice la campaña de Fe y Alegría. Las escuelas municipales de Chacao ya establecieron que los niños podrán asistir con cualquier franela blanca, con cualquier pantalón… Para el segundo día de clases, propongo  una reunión con padres y representantes para seguir insistiendo que familias y escuela estamos del mismo lado de la cancha;  los enemigos son otros: los negligentes, los que pudiendo hacer algo a favor de la educación no lo hacen, los que niegan la realidad… Cada quien con su rol en la cancha, pero, en equipo. Para el tercer día, en aquellos lugares donde las bandas armadas no pongan en peligro a los niños, sugiero hacer una caminata  por la comunidad con avisos y consignas: “Te estamos esperando, aquí está tu pupitre”. Que todos los niños inviten a los que no hayan ido a que vuelvan a su escuela.  ¡Qué vengan los niños!

Todavía tiene usted tiempo de sumarse a algo. Los niños, las niñas y los adolescentes necesitan estar en la escuela. ¡Quiero los salones completos! ¡Qué vengan!

Luisa Pernalete

Maestra