Venezuela en el Mundial (o Venezuela como un Mundial)

Yo imagino la escena: toda Venezuela convertida en un mundial, como el de futbol. Sueñen ustedes conmigo.

En un Mundial hay equipos con franelas de diferentes colores. Saben que van a competir, pero, nadie llama “enemigos” a los del otro equipo. Y se sabe que solo uno ganará en cada partido, sin embargo, no hay amenazas de muerte para el que pierda o al que gane. ¡Qué bonito! ¡Y qué aspiración la mía: venezolanos con distintas formas de pensar, de hacer las cosas y de resolver los problemas, que podamos ir “a un partido”, no a intercambiar un balón sino ideas, propuestas, sabiendo que somos diferentes, pero que podemos hallar “una cancha” para encontrarnos!

Sigo, en un Mundial hay árbitros imparciales, reconocidos por todos los equipos, se confía en ellos y, si a alguno se le descubre con trampas o decisiones arbitrarias, se les amonesta. En general, los árbitros son respetados. Además, hay unas normas conocidas y aceptadas por todos. Nada de que hoy la roja significa “¡fuera!” y mañana significa “dentro”. En medio del juego ningún árbitro va a inventar una tarjeta, digamos morada que signifique que quien tenga el pelo pintado sale del partido. O sea, no se pueden cambiar las reglas del juego en plena jornada y, mucho menos, que venga alguien del público -sin autoridad para ello- y diga que va a cambiar las reglas. Como todo el mundo conoce qué significa cada tarjeta, el público actúa como una especie de contralor en la aplicación de las normas. Todos los jugadores saben que deben respetar las tarjetas y los árbitros deben aplicar las sanciones correspondientes. “La certeza de la sanción es lo que previene al delincuente de cometer delitos”, suele decir el profesor Briceño León.

Sí, ya sé, pero ¿acaso ustedes no sueñan también con una Venezuela con reglas? (por ejemplo, que se respete nuestra Constitución). ¿No quieren autoridades que sancionen a quienes no cumplen esas leyes, que todos podamos saber por qué están aplicando las sanciones y que, en general, los “jugadores”, -ciudadanos o funcionarios- acaten las reglas? ¡Qué maravilla de país! Los semáforos respetados, así como el debido proceso, la ejecución de los presupuestos, los derechos de los NNA tenidos como Prioridad Absoluta… ¿Y si no se cumplen? Pues autoridades o el público organizado, la sociedad pues, exigiendo que se cumplan.

En el Mundial se premia al mejor. Los premios se ganan, no se compran. Para ser el mejor o estar entre los mejores; los jugadores se entrenan, no cualquiera llega a ser del equipo de la selección. Y de paso, los jugadores se van especializando. El arquero, por ejemplo, detiene los goles del contrario, por eso el director del equipo no va a poner en pleno juego a cualquier jugador como arquero o cambiar al delantero por arquero para que meta los goles. Ronaldo no lo van a poner de arquero. Volvamos a nuestro país. ¿Es mucho pedir que para los cargos de alta responsabilidad se nombren personas que estén “entrenadas” para ellos? Un ministro, por ejemplo, o un magistrado de la Corte Suprema de Justicia. ¿Qué piensan ustedes? Como maestra que soy, yo no podría dirigir un hospital, ni siquiera un dispensario pequeño, por muy buena gente que sea no sé nada de administración de salud. Ponga usted sus ejemplos.

¿Y qué me dicen de los comunicadores sociales en el Mundial? Los periodistas pueden cubrir los partidos sin que nadie los saque a mitad de tiempo. Toman fotos y a ninguno se le retira porque haga su trabajo; pueden entrevistar después a los ganadores y a los perdedores. No solo se les deja hacer su trabajo, sino que se les invita, son bien recibidos. Pues también sueño que los amigos periodistas -felicitaciones en su día- puedan hacer su trabajo sin que eso signifique un riesgo, sin que sean amenazados por fotografiar o por decir que un funcionario no lo hizo bien, o publiquen una opinión, o digan lo que vieron en un suceso o en una investigación. Que puedan cumplir con su deber, pues, como los que cubren el Mundial.

Otra cosa: en la FIFA, con todos sus problemas, si se descubre un “guiso”, el culpable es destituido y hasta puede ser privado de libertad. No digo más.

Y finalmente, en el Mundial tal vez el favorito de muchos no llegó a campeón. Nadie va a decir por eso que ese quipo que hoy perdió “nunca más va a competir”. Nada de “no volverán”. El Mundial es así: una competencia de equipos, unos ganan, otros pierden, pero el fútbol tiene sus objetivos… No se acaba la historia del futbol en Rusia.

No sé, yo me puse a soñar. ¿No podríamos funcionar como una gran cancha de fútbol?

Luisa Pernalete