Vía Crucis de la escuela venezolana

Primera estación: Vinieron pocos niños a la escuela. ¡Da dolor ver salones que antes estaban llenos, verlos ahora prácticamente vacíos! La maestra Jazmín mira los pupitres vacíos y sabe lo que significa un día menos de clases para los pequeños. Faltan por muchas razones: alimentos, uniformes, transporte, efectivo, lápices, falta de agua,… las cuales pudieran resolverse con voluntad política y conocimiento.

Te pedimos, Señor, que los pupitres vuelvan a llenarse. Te pedimos por los que hoy no han venido.

Segunda estación: No vino la maestra de tercer grado. Seguro que no encontró transporte. Le gusta su trabajo, le gustan los niños, pero venir desde su casa a pie no es posible y cada vez hay menos unidades. Algunas maestras llegan sudadas al colegio de tanto caminar.

Te pedimos, Señor, que le des fuerza a los educadores, para que puedan seguir enseñando porque sin maestros no hay escuela.

Tercera estación: Vanesa tiene malaria. Ya son varios casos. En la selva nunca se erradicó la malaria, pero, en si el resto del país: fuimos de los primeros países en lograrlo en América Latina. Ahora Venezuela exporta paludismo, aunque no es solo es malaria: tenemos casos de hepatitis, sarampión… Antes se vacunaba en las escuelas, ya eso no se hace. Esas enfermedades se pueden prevenir. Si los niños están mal alimentados y se contagian con alguna de ellas la situación se vuelve más grave. El año pasado en una escuela indígena de Fe y Alegría ubicada en el estado Bolívar, murieron un alumno y un maestro por malaria.

Te pedimos, Señor, que los que toman decisiones entiendan que una vacuna puede salvar una vida y los niños nacieron para vivir.

Cuarta estación: La señora Ana, la portera de toda la vida, no pudo venir. También a ella le dio hepatitis. Es que en la comunidad no se recoge la basura y el agua también falta. ¿Cómo lavarse las manos antes de cocinar o comer? Toda la comunidad necesita de buenos servicios. Y en la escuela el personal que cuida el ambiente, los jardineros, los que limpian los pasillos, los porteros, son muy importantes. La señora Ana es quien recibe a los niños cada día.

Te pedimos, Señor, por toda esa gente buena que calladamente contribuye a que los niños puedan aprender. Que su silencio sea un grito de dignidad en este Vía Crucis.

Quinta estación: “Suspendidas las clases. Tenemos 4 días sin agua”. Un día sin agua, se aguanta, pero, 5 ¡es imposible! ¿Cómo se asean los sanitarios? La LOPNNA, en su artículo 30, dice que los niños tienen derecho a un nivel de vida adecuado y el literal C habla de servicios públicos. Sin agua tampoco pueden las madres lavar los uniformes para sus hijos: ninguna madre quiere que los niños y niñas vayan sucios a la escuela. Un buen gobierno debe saber resolver estos problemas.

Te pedimos, Señor, que el agua se valorada como lo que es: algo imprescindible para la vida. Te pedimos que los responsables de suministrarla, hagan bien su trabajo y los beneficiarios aprendamos a utilizarla adecuadamente.

Sexta estación: Victoria no vino y no volverá. Su madre tuvo que cambiarla de escuela. Le gustaba su salón, le gustaba su maestra; era muy cariñosa, pero eran muchos los días que no asistía por no tener transporte. Se fue llorando. La inscribieron en una ubicada a dos cuadras de su casa. “Pero yo voy a volver a esta”, le dijo a su mamá. Los cambios a mitad de año afectan a los niños. Los amiguitos también son importantes.

Te pedimos. Señor, por todos los escolares venezolanos, para que puedan recuperar su rutina que incluye afectos.

Séptima estación. Renunció el profesor de Electricidad. También la maestra de quinto grado. Imposible continuar trabajando con esos salarios. No puede mantener a su familia. Ni él ni a ningún docente le alcanza. Una hora de clases no da para comprar un lápiz. Han renunciado cerca de 6 mil en las escuelas afiliadas a la AVEC. Cada centro tiene su lista de renuncias. Nunca se sabe cuántos han renunciado en el sector oficial, pero uno se lo imagina. Mucho se van sin ni siquiera avisar. Las escuelas de Educación se están quedando sin alumnos. Está cruz es muy pesada: sin maestros no hay escuela.

Te pedimos, Señor, por todos los que trabajan a favor de los NNA. Sin ellos, tampoco hay patria.

Octava estación: Rosmary está llorando otra vez. Desde que su mamá se fue a Colombia a trabajar, la pequeña llora todos los días. Se quedó con su abuela, que está viejita, es buena persona pero no es su mamá. En ese colegio pasan de cien los casos de niños dejados atrás. Para febrero de este año había, en las escuelas de Fe y Alegría, un total de casi 8.904 NNA viviendo en esas condiciones. ¡8.904! Algunos se han quedado con sus hermanas mayores, que a veces también estudian en el mismo colegio.

Te pedimos, Señor, porque en el país hayan los cambios necesarios para los padres no tengan que irse lejos de sus hijos a buscar el sustento. Los niños tienen derecho a crecer en familia, como Jesús creció con José y María.

Novena estación: Robaron en la escuela. Además de las pocas computadoras que quedaban en el taller, se llevaron todo los alimentos que estaban en el comedor. ¡Con lo que ha costado conseguir esos recursos! Las computadoras no se podrán reponer y el comedor sin comida supone que los 150 niños, los de situación más crítica, no podrán comer por una semana. El PAE, programa oficial, hace rato que no viene. Cuando hay comida, sube la asistencia de los estudiantes. Es que “la letra con hambre no entra”.

Te pedimos, Señor, que nos des el pan de cada día, el que sirve para nuestro cuerpo y también el pan de tu Palabra, para que podamos ser siempre solidarios con los que menos tienen.

Décima estación: No hubo clases ni de Matemática, ni de Lenguaje, ni de Educación física, ni de Química. “Nos pusieron una nota que no sé de dónde salió”, dice José que estudia en un liceo público en la zona norte de Barquisimeto. “Y así fue el año pasado con unas materias. Así no aprendemos nada”, dice con tono de preocupación el adolescente. ¿Cuántos casos habrá así? Sin educación no hay ni presente ni futuro para los jóvenes.

Te pedimos, Señor, por todos los adolescentes que están luchando por su presente y su futuro.

Decima primera estación: Renunció la subdirectora. Vive muy lejos, tenía muchos años en la escuela; siempre usó su carrito, viejo pero noble, porque ya no es posible. “Más gastas yendo a trabajar que quedándote en la casa”, le decía su marido. Además, la responsabilidad del cargo es muy grande y prácticamente gana lo mismo que los maestros sin cargo directivo. No pudo más. A los 3 días de cobrar, ya no tenía para nada. Se fue llorando.

Te pedimos, Señor, porque las lágrimas derramadas por niños y educadores, sirvan para abonar el terreno de la escuela que necesitamos, para que los sufrimientos no se pierdan en el valle de lágrimas.

Décima segunda estación: Otra vez suspendidas las clases por orden del Ministerio. Nadie entiende porque se adelantan los días de receso por Carnaval, si aquí nadie está para disfraces. En la escuela quisieron trabajar y llegó una comisión de la Zona Educativa y multaron al plantel. En marzo solo hubo 7 días de clases, así lo dispusieron las autoridades nacionales. Se suspende por Carnaval, por elecciones…, por no saber resolver los problemas. Parece que un día de clases no importara.

Te pedimos, Señor, porque en este país se entienda el significado de que los derechos de NNA son Prioridad Absoluta y deben garantizarse.

Décima tercera estación: Detuvieron a Gregorio y a Roberto, estudiantes de tercer año, estaban protestando por la falta de luz, agua y gas en la comunidad. Son jóvenes, pero tienen derecho a protestar, lo dice la LOPNNA y parece lógico: sin esos servicios tampoco se puede tener “vida en abundancia” como dice el Evangelio. La semana pasada también detuvieron al profesor Rafael, estaba protestando por el salario digno que los educadores se merecen. Protestar pacíficamente no es un delito. Es un derecho constitucional (Art. 68 de la CRBV)). No debiera ser una cruz.

Te pedimos, Señor, por los que luchan por la justicia en este país, por los que defienden los derechos, los suyos y los de otros.

Décimo cuarta estación: La resurrección. Jesús murió, lo mataron, no obstante resucitó y hoy la escuela venezolana resucita en esas madres que luchan para que sus hijos sigan asistiendo a clases, las que madrugan para agarrar agua y poder cocinar; resucita en los niños, niñas y adolescentes que dejan de ir un día, pero, al otro se animan y salen con sus morrales llenos de esperanza; resucita en los educadores, secretarias, porteros, directivos, que a pesar de las malas condiciones, insisten en trabajar, sabiendo que tienen derecho a un salario digno; resucita en los grupos juveniles, en las madres voluntarias, en las alianzas que cooperan con la escuela para poder seguir sembrando futuro hoy.

Luisa Pernalete