¿Y el 31?

Escribo estas líneas 3 días antes del 30. ¿Se atreverán a hacer esas elecciones de constituyentitas a pesar de los 7 millones que dijimos que no queríamos cambios en nuestra Constitución? ¿El Espíritu Santo lo dejan actuar y se negocia una salida menos trágica? ¿Podré seguir escribiendo lo que pienso cada semana? ¿El lunes 31 nos dirán que votaron 40 millones de venezolanos? ¿La Guardia Nacional va a penalizar las sonrisas? ¿Reunirse a rezar un rosario podrá considerarse una reunión subversiva?
No está fácil pensar en el mañana en Venezuela, aunque algunas cosas están claras: el país está quebrado, tenemos menos reservas que Bolivia, país tienen 10 millones de habitantes y nosotros 31.
“Solo trabajamos para comer”, dice no sólo el chamo que vende cambures en la esquina sino profesionales con doctorados. “Se solicita urgente esta medicina” es el mensaje que se repite en todas las redes sociales. Los cañaverales de antes del valle del Río Turbio no producen azúcar ni para un café pequeño, los expropiaron y están en ruina; hay mucho miedo.
Alberto tiene 16 años y no estudia, cuida carros y conversa: “me dan miedo los motorizados uniformados y los colectivos. Yo los veo meterse en las casas de vecinos en Santa Rosa buscando muchacho que protestan. Les tengo miedo… “ y completa “hoy no he comido”. Hay mucha hambre: ¡hay muchos niños y niñas con su futuro comprometido! No hay libertad para el descontento. Según el MP hay 1.934 detenidos y tenemos luto por los 117 fallecidos en protestas porque soñar con otro país es pecado en Venezuela, Los GN tiene el demonio metido… Todo eso está claro.
El gobierno dice llamar a la paz, pero insulta, ofende, descalifica, amenaza. No escucha, “se hace el dormido”, y ya Gandhi lo dijo: “el que se hace el dormido no despierta”. “Si no quieren diálogo, lo harán obligado” amenazó esta semana. ¡Qué manera de invitar!
¿Y el 31? Tenderemos que respirar profundo, muy profundo y recordar las lucecitas en medio del apagón, porque sea lo que sea, hay venezolanos que necesitan de otros venezolanos.
Sea lo que sea que pase este domingo 30, día que por cierto no se acabará el mundo, para el lunes 31 y los meses siguientes se requerirán políticos que sean generosos con su tiempo y sus vidas. Los hay, yo los conozco y rezo por ellos.
Este lunes 31 necesitaremos a todas las organizaciones de DDHH con sus registros de violaciones que cuesta describir, ya habrá que sumar esfuerzos para detener esta guerra asimétrica. En esta línea, escucharemos el llanto de las madres que han perdido sus hijos y pediremos justicia. Haremos lo posible para que sepan que esos chicos no han muerto en vano.
Este lunes 31necesitamos que Cáritas siga recordando los datos de desnutrición y buscaremos fuerzas para seguir abogando por ellos.
Este lunes 31 y los días que vienen necesitaremos de una mirada afinada para ver en el vecino, sea cual sea su franela, una persona que tiene problemas similares a los nuestros y con el que puedo llegar a acuerdos para convivir.
Este lunes necesitaremos de periodistas y ciudadanos valientes que se atrevan a decir que la Constitución que reconocemos es esa que cargo en mi morral.
Este lunes insistiremos en que hay eventos que, por ser recurrentes, no significa que sean normales.
En fin, este 31 no amaneceré pensando que he muerto, sino que necesito vivir para que esta pesadilla termine. Tal vez llore, pero ya saben, se llora para ver por donde se camina. Y buscaré a mucha gente buena que existe para que hagamos planes. Hay mucho qué hacer. Nos vemos la próxima semana.
Luisa Pernalete