Yo sí voy a ir el 23

Voy a ir a la concentración, a la marcha, a la consulta o a lo que decida la legítima Asamblea Nacional porque, como ciudadano, tengo derecho a protestar y trabajar con coraje para que Venezuela vuelva a los caminos democráticos y constitucionales, y terminemos con esta pesadilla que solo ha traído destrucción, escasez, violencia y desesperanza. La supuesta Revolución Bonita ha dejado al país tan feo y destruido, que millones huyen de él como de una peste. Venezuela luce sucia, saqueada, destrozada. Las políticas de inclusión han resultado mecanismos eficaces para excluir a los que no quieren doblegarse. La Revolución del Amor sembró la división y el odio y terminó por convertirnos en uno de los países más inseguros del mundo, donde impera la violencia, la inseguridad, la impunidad. La retórica anticorrupción solo sirvió para alimentar las conductas inmorales, engordar las cuentas de muchos supuestos revolucionarios y convertirnos en uno de los países más corruptos del mundo. La propuesta del hombre nuevo ha multiplicado los pranes, los delincuentes, los especuladores, los bachaqueros, los colectivos y grupos guerrilleros y paramilitares, que se han adueñado de nuestras fronteras y actúan con total impunidad. La hiperinflación galopa desbocada y los precios se disparan sin control. De lo único que no hay inflación en Venezuela es del valor de la vida que cada día vale menos. Se puede matar por un celular, por un paquete de harina, por un pollo.

Las expropiaciones en pro de la productividad y la soberanía alimentaria nos trajeron colas, escasez, desabastecimiento, hambre y unos claps ineficientes y utilizados fundamentalmente para comprar conciencias y fomentar la dependencia y el espíritu de mendigos. ¿Dónde quedaron las empresas estatizadas, los fundos zamoranos, los gallineros verticales, las areperas socialistas, los huertos hidropónicos, la ruta de la empanada, las cooperativas productivas, el bolívar fuerte y el bolívar soberano? La PDVSA del pueblo terminó como una empresa semiquebrada, que lo único que ha logrado aumentar considerablemente es la nómina de sus empleados, a pesar de que su producción sigue cayendo en picada.

¿Cómo explicar ese afán enfermizo de mantenerse como sea en el poder que, a juzgar por los resultados, no supieron ejercer y solo ha traído caos y destrucción? Poder que hoy, además, es ilegítimo. Por eso, y por otras muchísimas razones, voy a asistir el 23 e invito a asistir a todos los que queremos salir de este desgobierno. Llenemos las calles y plazas de Venezuela con nuestras banderas y nuestras consignas que expresen nuestros deseos de cambio de un modo constitucional y pacífico. Superemos nuestra desesperanza y nuestros miedos para transformarlos en un enorme griterío valiente que llene los corazones de esperanza y de valor. Demostremos al mundo que somos una inmensa mayoría los que queremos un cambio profundo de gobierno y de políticas. Contamos con nuestra fuerza y con el respaldo de la gran mayoría de los países verdaderamente democráticos del mundo que consideran que el actual gobierno carece de legitimidad y respaldan un cambio democrático. Pasemos de los lamentos y críticas a la organización y la acción.

 

Por: Antonio Pérez Esclarín

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